Palencia es una emoción:

22 febrero 2018

La bandera española no sirve para nada


Ni las banderas ni los himnos dan de comer a los más pobres, ni las banderas ni los himnos corrigen las injusticias. Y sin embargo todos los países tienen himnos y banderas, todos les profesan devoción y respeto.

Ni las banderas ni los himnos sacian el hambre ni devuelven las casas a los desahuciados, como tampoco cambiar los nombres a las calles del pueblo o a la plaza mayor. Esos nombres no dejan de ser símbolos, heroicos generalmente, poéticos otras, e intrascendentes de vez en cuando. En todo el mundo se reconoce la importancia de esos símbolos que nos unen, solo los españoles sienten rechazo por su bandera, su himno y la posible letra de su himno. Algunos españoles, dejemos claro. Tampoco quita el hambre ni entrega derechos robados a los desheredados de España que nuestros líderes boicoteen nombramientos para cargos europeos, aún dentro de su propio partido o que defenestren a ese compañero izquierdista que de pronto ya no sonríe al líder como le sonreía antes.

Todos los países necesitan reconocerse públicamente, asumir unos colores o unas notas musicales que retienen como propias, que los identifica, que los recoge, une y simboliza. Que les da identidad. La izquierda española, las más sectaria y casposa, y los balbuceos inconsecuentes e inconsistentes de cierta acomplejada derecha española, que muchas veces prefiere Suiza a su propia patria, una derecha progre y asustada de reconocerse de derechas, impide que España sea un país normal. Nadie pretende que los Españoles enarbolemos cada uno una bandera en nuestro patio, como hacen en EEUU o que seamos tan fanáticos nacionalistas como los daneses, pongamos.

Solo se pretende la normalidad, que tengamos unos símbolos nacionales que nos acojan a todos, como los zimbabuenses, los habitantes de las islas Mauricio o los de Camboya, México, Israel, Jordania, Irán, Colombia, Vietnam, Japón, Rusia, Eslovaquia, o San Marino, ese minúsculo país. La lista queda abierta, porque probablemente la única excepción a esa normalidad es España.

La derecha española es cobarde, atemorizada y miedosa. Sí, sé que he empleado tres sinónimos. También es corrupta y ha permanecido durante años y años callada y acomplejada ante los latrocinios de los amigos y los desmanes de los enemigos. Ni a unos ni a otros interesa valorar loa símbolos nacionales. ¿No son estos los que hablaban de “Estado”, “este país” o “la gente” para no pronunciar “España”? El nacionalismo es malo. Solo el español, claro. Con los nacionalistas catalanes y vascos se pactaba, a base de dinero o de  leyes que les beneficiaran, o simplemente se les dejaba hacer durante decenios hasta la práctica desaparición del Estado es esas comunidades. Desde Felipe González y Aznar.

Resulta que las bases se les han rebelado. Que las banderas de España aparecen en las ventanas sin que nadie haya dado la orden ni siquiera lo haya sugerido, pura espontaneidad. Que se han perdido los complejos de ser español. Que ser español no es sinónimo de franquista ni de facha. Porque hemos de reconocer que los complejos nos dominaban hasta el punto de apodar a nuestra selección de fútbol (siempre se callan lo de “nacional”) “la Roja”.
Todo país tiene glorias a las que cantar y que celebrar. Todo país tiene grandes miserias que tapar. Pero nadie, solo nosotros, se recrea hasta la náusea en sus errores del pasado… ¿Ven ustedes a la izquierda alemana dándose golpes de pecho porque su país causó dos guerras mundiales (¡Dos!) y millones de muertos? ¿Ven ustedes a la izquierda de EEUU recrearse en la extinción de razas enteras durante la colonización?

No me gusta Marta Sánchez ni lo que representa en la música ni en el mundo moderno, pero ha resumido en un solo hecho lo que muchos españoles esperaban. Sí, sí, sí, la letra es personal… no vale para… no, no vale, pero esta señora ha estado desacomplejada y ha afrontado el gesto con decisión y valentía, sabía la tormenta que iba a descargar sobre ella y no le ha importado. Esa decisión y esa valentía les faltan a muchos de nuestros políticos. Unos por apocados y acomplejados. Otros por empecinados en negar cuanto de bueno hay en nuestra historia o cuanto de positivo hay en nuestra realidad, siempre empeñados en tener presente a Franco. Venga a cuento o no, sirva de mera excusa o sirva de triste escondite para sus limitaciones. El pueblo español, hastiado de creerse fascista, franquista o nazi simplemente por ser español les está dando un severo correctivo.

Finalizo: para algunos políticos la bandera española o el himno no significan nada, solo son un trapo y una música fachosa. Son los mismos que no han dicho nada ante banderas e himnos de algunas regiones que, evidentemente, deben resultarles mucho más dignas de respeto.

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